"La vida no es esperar a que pase la tormenta,
es aprender a bailar bajo la lluvia..."

domingo, 25 de julio de 2010

COMPARTO CONTIGO- Omar Alberto Santos

  Comparto contigo
el cántaro
de los niños,
la lluvia del jueves,
el sueño donde
bajábamos
del manzano,
llenos de benevolencia
y altas canciones.
Comparto contigo
la beatitud y la congoja,
también la mesa
donde crecían tus palabras
e iniciaba el bosque
de los grandes
proyectos.
Comparto contigo
la charca del viudo,
el jardín de los locos,
y el gato de la bruja
que vigila día y noche
la belleza de tu retrato.
Y has de entender que si soy
pacífico y lleno de respeto,
cuando te atrevas, 
cuando reconozcas el sicómoro
y el piano de la vecina,
atraviesa la barda,
también te saludo,
que comparto contigo
la soledad de mi mano,
 el pan duro
 y el perdón.

lunes, 19 de julio de 2010

Especulación de aquel mismo sitio-Angel Fernández (Gélico)

Tu vista y la mía se han encontrado maravillosamente, han hablado que nos desconocemos más allá de las butacas, la sala de espera y pienso, a lo mejor, que tienes una hermana que es un zorzal, inexplicable, con la misma sonrisa que disfraza tu atisbo, el vuelo del resumen. Tu mirada y la mía disparan mariposas y diez siglos de encuentros y la recorro por mi mente como si fuese mi casa, mi nido incompleto, para trazar una novela con tu nombre que se llama Ojo y es del género de los idólatras, de las constelaciones y del olor de tu pelo a la luz. Te miro, y hasta creo que bajo a tu nombre y discutimos por una sinrazón a la hora de la mesa. Tu pupila y la mía se dedican un tono, tan puntual como un reloj despacio, ofrendando una canción al segundo en que nuestros amantes vuelven al acecho.

viernes, 16 de julio de 2010

jueves, 8 de julio de 2010

Para los que alguna vez me ayudaron

Fueron pocos o muchos, pero para ellos dedico este pequeño homenaje. Hablaré de ellos sin citarles, y no sé muy bien por qué… tal vez no recuerde sus nombres o tal vez no les recuerde a todos y deje sus nombres olvidados.

A los que me ayudaron que ahora ya no está. Recuerdo a un profesor que se fingía tan duro lanzando el mechero y gritando cual despótico dictador. Luego sonrió y dijo eso de “la clase es como un teatro” mientras con el rostro torcido volvía a mostrar su “peor” faz: “al menos, así están callados”. Mis compañeros le llamaban el ogro pero lejos de ser un ogro bien embutido en una capa castellana se mostraba afable una vez terminaban las clases. Fue el primero que leyó una de mis novelas.

A los que alguna vez me publicaron un libro y en especial a C.S. y J.M.M.V., por su apoyo y la fe que depositan en los libros. Discutía hace apenas dos noches con uno de ellos y sesenta años de ilusiones superaron a treinta de distracciones. Ánimo para seguir adelante.

A esa dama que un día me animó a no desanimarme y de mi desánimo convirtió en constancia. A ella también le doy las gracias por hacer de mi desánimo un tributo al esfuerzo del que ya nada tiene que perder: Fiodor Fiodorovich.

A esa otra que un día también me animó a seguir cuando aún dudaba: “está claro, sabes hacerlo”. A ella, a la que he olvidado en el olvido pero olvidarla no podré: gracias.

A ese señor que también leyó los escritos de A.P.R., hoy famoso académico y escritor, a ese que ya he citado: C.A. “Porque yo también escribí una novela que encerré en lo más profundo del cajón. No lo deje, señor. Algún día me dará la razón”. Hoy le digo: tenía usted razón.

A los que me suspendieron alguna vez en matemáticas por no poner el igual al final de la línea y otro igual al principio de la siguiente para seguir la gloriosa coherencia matemática. Gracias a ustedes también y a su mediocridad, hoy soy algo así como feliz.

A otra que me aguantó treinta años y me dijo: es imposible, nadie vive de escribir libros. Hoy te digo: tenías razón, de ilusión también se vive.

Al otro que me dijo también “para escribir hay que ser millonario” hoy le digo: hay muchas clases de riqueza y, gracias a Dios, no poseo ninguna.

A los que cada día me preguntan “¿se puede vivir de escritor?” hoy contesto: “no”.
Porque en una partida aprendí que sólo hay un jugador imbatible: el que nada tiene que ganar.

Por todos los que lo negaron y todos aquellos que dijeron “tal vez” y los otros que con una leve sonrisa también negaron hoy te digo, amigo mío: no me rindo. Y hoy no me rindo por todos ellos, porque alguna vez, sólo alguna, habré de tener razón. Y es que, como decían en cierta película, “hasta un reloj estropeado acierta dos veces al día”. Alguna vez habrá de tocarme.


viernes, 2 de julio de 2010

Càrceles Caseras..



Cárceles caseras
viven sobre las cabezas,
borracheras de esperanza,
lágrimas que nada arreglan.
Y el sol que sigue sin aparecer,
se olvidó de esta parte de la Tierra.

Las pupilas devastadas,
el cielo las recompondrá.
Los sobornos, las miradas
y dejar de lamentarnos
por todo lo que dijimos de más,
todo lo que no dijimos.

Ahora mismo echo de menos
echarte, echarte de menos.
Inviernos tibios, los bares de siempre,
cenizas de buenos momentos.

Tal vez sea mejor callar
y esperar la primavera.
Haremos una bandera
con el blanco que nos queda,
tal vez de la nieve que vimos caer,
de la espuma del mar que dejamos atrás.

Ahora mismo echo de menos
echarte, echarte de menos.
Inviernos tibios, los bares de siempre,
cenizas de buenos momentos.

Y no queda leña para echar al fuego,
y el frío no perdona,
y tus silencios de hielo
tampoco.


Jorge Martì (La Habitaciòn Roja)